La tesis es sólida y fácilmente comprobable: el
matriarcado – tan propio de y preponderante en la cultura latina – conlleva al
fracaso de toda sociedad donde domina puesto que elimina, imposibilita, la
función indispensable de la figura paterna, e impide igualmente el proceso de
maduración del adolescente de varón irresponsable y negativista-desafiante al
estado de “Hombre” con ‘H’ mayúscula. Sin el concepto de padre y por lo tanto
de Hombre, no puede haber héroes – y una cultura sin héroes es, efectivamente,
un pueblo sin ejemplos activos, realizados, demostrables de individuos que
viven de acuerdo a sus ideales; un pueblo sin héroes es un pueblo sin un
sentido del destino, sin una formación, sin progreso, es, en unas pocas
palabras, el tercer mundo. Sin una figura masculina bien formada, potente,
sabia, compasiva pero disciplinada, imponente – o sea, todo lo que se respeta y
espera de la figura paterna concebida en el “Padre nuestro que estás en los
cielos” – que le sirva de modelo e inspiración un varón jamás llegará a pasar
de adolescente envejecido, débil, irresponsable, caprichoso e indisciplinado a
ser verdaderamente un Hombre.
Consideremos
la poesía “If” de Rudyard Kipling que habla de las características propias del
Hombre como arquetipo:
Si…
Si
puedes mantener la cabeza cuando todos a tu alrededor
Están
perdiendo la suya y no dejándote de culpar
Si
puedes confiar en ti mismo aun cuando todos te cuestionan
Pero
un margen a sus dudas sabes otorgar
Si puedes
esperar y no cansarte en la espera,
O
siendo mentido, no caer en la mentira
O
siendo odiado no al odio acceder;
Pero
no parecer demasiado bueno, ni demasiado sabio proponer.
Si
puedes soñar – y no hacer de los sueños tu señor
Si
puedes pensar – y no a tus pensamientos entregarte
Si
puedes encararte con el Triunfo y el Desastre
Y a
esos dos impostores igualmente tratar.
Si
puedes soportar oír la verdad que tú hablaste
Retorcida
por canallas para con necios engañar,
O ver
las cosas a las que tu vida dedicaste, quebradas,
Y a
reconstruirlas con herramientas desgastadas te puedes agachar.
Si
puedes hacer un montón de todas tus ganancias
Y
arriesgarlo a una vuelta del azar,
Y
perdiendo, volver a tus comienzos,
Y de
la pérdida ni una palabra exhalar;
Si
puedes obligar tu corazón y nervio y tendón
A
cumplir su turno mucho después de expirar
Y así
aguantar aun cuando no quede más en ti
Salvo
la Voluntad que les dicte: “¡Perseverad!”
Si
puedes platicar con la plebe y mantener la virtud
O con
reyes caminar – y la humildad no ceder
Si ni
enemigos ni queridos amigos te logran lastimar
Si
todos cuentan contigo, pero sin echarte a perder
Si
puedes rellenar el inexorable minuto
Con
sesenta segundos de recorrido por haber
Tuya
será la Tierra y todo su contenido,
Y –
lo que es más – hijo mío, ¡un Hombre has de ser!
Traducción
de “If” de Rudyard Kipling por J. A. Overton-Guerra
Si
vuestras familias ni siquiera reconocen los principios, los valores, la
sabiduría, la filosofía de vida que se describe como requisito para el título
de Hombre… ¿cómo van a impartirla? ¿Fomentarla? Si no son virtudes que vosotros
mismos tenéis infundidos y arraigados en vuestro carácter, ¿Qué podéis esperar
de vuestros hijos? Simple: serán una copia barata de una replica falsa y
defectuosa. Si las niñas no se crían bajo el ejemplo de lo que es
verdaderamente un Hombre, ¿cómo van a
escoger mejor que hicieron sus madres? El ciclo se repite interminablemente.
(Vean mi artículo sobre la “Aniquilación y el Ostracismo del Sabio-Guerrero”.)
No es, por ejemplo, por casualidad que estadísticamente la hija de un borracho
abusivo y mujeriego se casa con una copia de su padre: generalmente las mujeres
son inconscientemente atraídas a la clase de varón (u Hombre) que era su padre,
a pesar de que racionalmente detesten ese tipo. Ningún cambio de régimen
político puede salvaguardar al tercer mundo de una repetición continua de su
presente sin primero trascender las perversiones manifiestas de su pasado.
Tomando a esta poesía como medida, como barómetro del desarrollo cultural,
social, familiar, e individual, en la medida podemos hacer una clasificación
objetiva – brutalmente honesta – de cada una de las categorías humanas
anteriores – en una escala de 0 a 3, 0 siendo un fracaso como cultura,
sociedad, familia e individuo, y 4 siendo un alto grado de madurez filosófico,
psicológico, y espiritual. Anótense un 0 si no solamente no reconocen estas
características sino que desdeñan su importancia; apúntense un 1, si no las
habían reconocido antes, pero ahora las atribuyen su debida importancia; un 2
si ya las habían reconocido y las valoran; un 3 si honestamente los reconocen y
los valoran; y finalmente un 4 solamente si además de reconocerlos y valorarlos
las practican e incorporan en todas sus quehaceres mentales, emocionales y
conductuales diarios – lo que en MAMBA denominamos MENTE KAIZEN. La realidad
del tercer mundo es que un 60% son un 0, un 20% son un 1, otro 10% son un 2, un
5% son un 3, y el resto que queda son unos mentirosos descarados. Volveremos a
este punto más adelante.
Eso
no es lo mismo que decir que el patriarcado, tal y como se entiende y se ha
manifestado, conlleve de por sí al éxito social ni mucho menos a cumplir con
las responsabilidades de la formación filial. De hecho un patriarcado
desempeñado por una figura paterna incompetente en la ciencia del mando,
ignorante de conocimiento, desprovisto de sabiduría para compartir es tan
dañino e inefectivo como pudiera serlo cualquier matriarcado. Debemos abandonar
por completo los modelos tradicionales del matriarcado y del patriarcado,
basados solamente en poderes otorgados por género y no por mérito. No hay ningún
derecho ni autoridad inherente en haber cumplido con el compromiso biológico al
nacimiento de un niño. Eso lo consiguen hasta las cucarachas. Ser madre y ser
padre es cumplir con la responsabilidad que conllevan esos títulos.
Responsabilidad, autoridad, y consecuencias – tres factores complementarios en
el establecimiento de la cadena de mando imprescindible para cualquier tipo de
organización, incluyendo la familiar. Padre y madre tienen sus roles en una
familia funcional, pero para detallar esos roles es preciso primero comenzar
por entender cuales son las funciones óptimas en una familia – no en términos
culturales, es decir, por convenios, sino en términos del propósito biológico
de una familia: la formación de los hijos.
Comencemos
entonces por ese punto, y vayamos a aclararlo: el propósito de una familia no
es el de tener hijos, ni solamente el de mantenerlos de acuerdo a un régimen de
sustento alimenticio para que logren alcanzar una edad de madurez reproductiva,
ni mucho menos de malcriarlos con consentimientos materiales que no precisan.
El propósito de la familia es la formación de los hijos, es decir, dotarles de
las herramientas necesarias no solamente para sobrevivir, sino para competir,
para sobresalir en el ambiente socioeconómico en el que se van a desenvolver.
Eso implica muchas cosas. Implica una visión previa de como queremos que sean
esos hijos de adultos; implica un plan de ejecución para lograr concretar esa
visión; implica compartir con los hijos una amplia información sobre la naturaleza
del ambiente – estudios de historia, política, y economía; implica impartir a
los hijos un conocimiento sobre la toma de decisiones, sobre la investigación y
el análisis de la información disponible sobre el ambiente en el que se van a
desenvolver el resto de sus vidas – más
estudios de historia, política, y economía, combinados con las disciplinas de
la filosofía, las ciencias, y la tecnología; implica mostrarles, inculcarles,
hábitos de vida, de moralidad, de empleo eficiente del tiempo; implica encaminarles
en un sendero de búsqueda e indagación en cuanto a temas religiosos y
espirituales. Todo esto requiere una cadena de mando, una estructura flexible
pero firme de orden, de disciplina, de responsabilidades, de consecuencias, de
límites, de parámetros, de premios y de castigos, de derechos y de privilegios;
requiere que la familia sea una organización eficaz y eficiente comprometida
para lograr su propósito y no un caos anárquico y de individuos descentrados y
desencaminados que comparten sus miserias existenciales bajo un mismo techo. La
familia es la molécula de la formación social. Una sociedad es solamente el
agregado de las familias que la componen. ¿Cómo os vais a quejar de corrupción política cuando la cámara de
diputados surge directamente de la mesa familiar? Si queréis cambiar al país,
por la familia – ¡por vuestra familia!
La
etapa de la niñez y la adolescencia, al igual que en cualquier otro animal, no
debería verse como una etapa de diversión, de ocio, de libertinajes, sino en
una etapa critica de aplicación, de inversión intensiva para el establecimiento
patrones intelectuales, de hábitos conductuales y de una base de conocimientos
sobre los cuales luego, en su juventud adulta puedan ellos mismos ejercer una
verdadera libertad a la hora de construir el edificio de sus vidas. Cualquier
otra perspectiva es contraproducente y antinatural. Basta observar la crianza
de cualquier animal en la naturaleza que goza de un periodo de aprendizaje con
su madre, padres, o grupo social de su misma especie, para ver la importancia
de la niñez y la adolescencia como periodos de aprendizaje indispensables para
una adultez exitosa. Un lobezno que no se cría bajo la disciplina formadora de
la manada jamás llegará a ser un verdadero lobo adulto, completado, realizado.
Animales con dependencias prolongadas pasan el tiempo acumulando el
conocimiento necesario para su supervivencia; hasta los juegos de los animales
están vinculados directamente a cultivar las herramientas precisas para su
independencia y supervivencia. La niñez y la adolescencia no son, por lo tanto,
periodos designados para inculcar el nefasto hábito de desperdiciar el tiempo,
ni tampoco inculcar el deplorable gusto de la adoración al ocio o la adoración
a la superficialidad, sino de todo lo contrario – es un tiempo indispensable
para la preparación para la vida – a modo del entrenamiento básico del soldado
en preparación a sus responsabilidades bélicas. Y el propósito de formar una
familia es precisamente de asegurar el ambiente, la disciplina, y el apoyo
necesario para que los hijos logren esta formación. Aquí ya vemos donde
comienza la disfunción familiar, en el mero concepto popular de familia como
unidad de diversión o interacción social en vez de formación infantil y
juvenil. Si no comparten esta idea de familia como unidad de formación filial
no hay base para discutir – salvo esta: cualquier cultura, cualquier sociedad o
cualquier clase social dentro de la misma que haya sobresalido ha basado su
prosperidad futura precisamente en este modelo. Por lo contrario, las culturas
(Ej. Las latinas), las sociedades (el tercer mundo), y las clases sociales (las
clases bajas) que no la reconocen se destacan por su alto índice de disfunción,
criminalidad, falta de producción intelectual e industrial, etc. – en una
palabra, por su fracaso. Prosigamos.
Las
implicaciones son tremendas. Para comenzar, si no pueden aportar este tipo de
formación a sus hijos simplemente no deberían tenerlos y punto. Dejemos la
imbecilidad católica de “creced y multiplicaos” y pongamos más atención a las
responsabilidades que aceptamos al tener hijos. Tener hijos no debería ser como
adquirir un acuario e irlo completando con adquisiciones nuevas; no debería ser
para continuar contaminando el acervo genético y social con nuestros malos
genes y peores hábitos; tener hijos debería ser un proyecto de vida según el
cual nos comprometemos a la tremenda responsabilidad de formar seres humanos
que van a vivir – sobresalir o sufrir – en gran parte de acuerdo a nuestras
enseñanzas, a nuestra disciplina. ¿Cuánta gente seria tan irresponsables para
comprometerse legalmente con un contrato sabiendo de antemano que no tienen las
cualificaciones ni los recursos con los cuales cumplirlo? Esa es la cuestión.
Si vemos a la familia para lo que es por diseño de evolución, debemos adquirir
o el conocimiento o los recursos necesarios para cumplir con esa
responsabilidad antes de entrar en el compromiso de la formación de seres
humanos. Los hijos no son mascotas cuya dependencia física y emocional es parte
de su propósito y encanto, sino todo lo contrario, son seres destinados a ser
libres y que dependen de la formación de sus padres para cumplir con ese
objetivo de vida.
Se continuará.
He Dicho. Así Es. Y Así Será.


